El suelo es un recurso natural, vital para el desarrollo de la vida. Su proceso de formación consiste en miles de años de transformación a partir de materiales rocosos que se van meteorizando poco a poco y materia orgánica en constante mineralización. Para comprender más este proceso, existe el denominado ciclo de la roca, que representa un proceso geológico que ocurre de manera constante en una escala de tiempo cósmica. Para que el suelo se forme de manera natural, se requieren alrededor de 500 años para que se produzca solo un centímetro de suelo, de tal manera, que la pérdida de este, representa un problema mundial severo que perjudica la conservación de la flora.  

La meteorización es cuando los materiales rocosos se disgregan en partículas más pequeñas hasta alcanzar tamaños inferiores a 2 mm. Las tres partículas fundamentales del suelo se denominan arenas, arcillas y limos, siendo la relación porcentual entre ellas la que define diferentes clases de texturas que le otorgan características físicas particulares. El proceso de mineralización es la transformación de la materia orgánica en sustancias más simples a partir de la biodegradación provocada por la actividad de los microorganismos.

Aunque introducirse en el estudio de los suelos, requiere tiempo, dedicación, estudio y experiencia, poco a poco iremos descubriendo pequeñas prácticas que podemos hacer desde nuestra posición en la sociedad para proteger este importante recurso.

 

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